La profesión de tu hija no existe aún

En mis particulares conversaciones con mis hijos, este un tema muy recurrente, del que me tengo la sensación que cuando la hablamos me escuchan con condescendencia, pero con cierta incredulidad. “Y es que, papá, ¿cómo no va existir la profesión a la que me voy a dedicar?”.  Pues así mismo, como lo oyen.

Veamos, todos estamos subidos a lomos del siglo XXI, que transcurre de manera vertiginosa, no dejándonos indiferentes y asombrándonos con la vorágine de cambios e innovaciones que vemos constantemente en la calle, la red o la televisión. Todo fluye muy, pero que muy rápido, hasta el punto que los que tenemos ya una cierta edad y no somos nativos digitales, nos da a veces la sensación de que esta ola se puede transformar en un tsunami que nos arrastre y golpee irremediablemente. Nuestros hijos, por contra, surfean en la corriente de cambios, se  adaptan y van saltando de una app a otra app, de una tecnología a otra, sin despeinarse. Constantemente he de preguntarle a mis hijos qué aplicación están utilizando para comunicarse con sus amigos, y me doy cuenta que canales populares entre jóvenes de más edad o adultos como WhatsApp o Facebook, son rápidamente sustituidas por otras como Instagram o Snapchat en los adolescentes. Y si no pregunto me pierdo.

El mundo laboral no es ajeno a esta revolución tecnológica, y los cambios se van sucediendo de manera frenética. Profesiones y ocupaciones que ahora nos parecen de ciencia ficción como “entrenador de robots”, “controlador de drones de distribución de mercancías”;  “responsable de una granja de cría de insectos”; “impresor de casas 3D”, “gerente de una electrolinera”; etc, por poner solo unos ejemplos, pueden ser realidad en unos pocos años; y si lo pensamos bien eso es lo que ha pasado en la dos últimas décadas con profesiones que no existían al comenzar el siglo, como community manager, diseñador de apps, especialista en big data, especialista en ciberseguridad y no solo dentro del ámbito tecnológico, sino también fuera de él, como educadora social, enfermera de salud medioambiental, pastor urbano o medical advisor.

Hoy en día, muchas de las nuevas profesiones, se integran con las clásicas y casi no nos planteamos ni nos damos cuenta que hace poco no existían. El tránsito continuo se va dando de manera natural. Unas profesiones desaparecen y otras aparecen. De niño recuerdo al regresar del colegio al mediodía el martilleo del herrero  sobre el yunque en la fragua y el peculiar olor que se desprendía del hierro incandescente, o al afilador, en su bicicleta, puerta por puerta buscando tijeras y cuchillos que afilar; no hace tanto todos íbamos al videoclub a alquilar una “peli” para el fin de semana o comprabamos “discos” en la tienda discográfica. Mañana habrán desaparecido muchas profesiones que hoy se encuentran moribundas y otras que nos parecen vigorosas pero que tal  vez con un cambio tecnológico brusco desaparezcan de la noche a la mañana, tal y como desaparecieron las telefonistas o los serenos en unas pocas décadas.

Por lo tanto, si es posible que la profesión a la que se dedique mi hijo o hija no existe, si es más, cambié varias veces de profesión o evolucione tanto en las próximas décadas que no se parezca a la profesión  inicial, la pregunta que debemos hacernos es “¿qué podemos hacer para orientarlo/a de manera correcta?”.

La respuesta solamente puede venir de la mano de la flexibilidad y plasticidad en los conocimientos a adquirir. Cada día se valoran más desde las empresas, las competencias y habilidades con las que viene el candidato, por encima de los títulos y diplomas, que inundan el mercado y que no marcan en muchos casos la diferencia. Sin duda la capacidad más importante es la de “aprender a aprender”. Si fomentamos en nuestro hijo o hija un gusto por la búsqueda de nuevas soluciones a los retos que se le presentan, la agilidad ya presente en las nuevas generaciones de integrar los nuevos conocimientos rápidamente y de adaptarse a los cambios que se van dando, si alimentamos en el adolescente la capacidad de adquirir e integrar con facilidad las novedades, porque la realidad es una corriente que fluye de manera ininterrumpida, si empujamos en esta dirección ya tu hija/o habrá ganado la primera batalla en forjarse un futuro.  Por lo tanto no es tan importante lo que vaya a estudiar ahora tu hijo/a, como la convicción de que sobre ese conocimiento ha de construir otros nuevos, que aún están por llegar.

 

 

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2 comentarios sobre “La profesión de tu hija no existe aún

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